
Hubieses querido retroceder el tiempo y escoger el otro camino, el que prometía menos saltos, menos cuestas... el más directo. Pero nunca te fiaste de las cosas fáciles...
Y estás aquí, parado al final de los desvíos, frente a una puerta, esperando sin esperar, soñando sin soñar... sabiendo en el fondo que nunca nadie llegará a abrir.
El cielo siempre estuvo frío, igual que los cuadros que aprendiste a pintar, igual que el otoño que quisiste dibujar. Ahora no tienes pinceles, ni óleos... ni tampoco sueños.
Y estás aquí, parado frente a esta puerta, cansado, sin nada que decir... esperando la siguiente noche y la siguiente mañana.
Nunca se sabe de dónde vienen las lágrimas... quizá fluyan de las heridas del propio corazón.
Y pretendes continuar por tu camino equivocado. Ya es tarde como para volver a empezar... ahora te acompaña el temor de perderte otra vez. Pero en tu maleta llevas esos viejos óleos y pinceles, ahí mismo donde alguien los guardó la última vez, por si algún día aprendes a pintar nuevamente, esta vez con colores...
[Hojas sueltas, febrero de 2013]
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